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miércoles, 12 de agosto de 2026

Hoy os quiero descubrir... Sabía que pasaría de Gema Samaro



¿Qué pasa cuando un futbolista necesita una novia falsa y la única candidata perfecta lleva años esperando que se lo pida?

Él fingía. Ella no.

Mateo Rivelles es un futbolista talentoso con la reputación por los suelos.

En la liga italiana donde juega ya nadie habla de sus goles, sino de sus escándalos, sus noches en afters y las fotografías comprometedoras que parecen perseguirlo allá donde va.

Los patrocinadores empiezan a desaparecer, los clubes dudan y su representante se lo deja claro: si quiere volver a jugar en España, necesita parecer un hombre tranquilo, serio y estable.

Y para eso necesita una novia formal. Muy formal. Aunque sea falsa.

El problema es que ninguna de las candidatas que le presentan le convence. Hasta que llega a Ibiza y conoce a Irene Soler.

Irene trabaja en una empresa de alquiler de villas de lujo y no se parece en nada a las mujeres que suelen rodear a Mateo. No busca fama, no le interesa su dinero y es completamente ajena a su mundo.

Vamos, que según él es la chica ideal.

Solo hay un pequeño detalle que Mateo desconoce.

Irene lleva años enamorada de él.

Tiene su foto pegada en la puerta de la nevera, desconfía de todo lo que cuentan sobre él, no se cansa de repetir a los suyos que algún día acabarán juntos y está convencida de que, en algún universo paralelo, ya son una familia feliz con un par de niños y un perro.

Así que, cuando Mateo le propone convertirse en su novia falsa, Irene acepta convencida de que lo raro habría sido que no pasara.

Después de todo, llevaba años esperando ese momento.

Y mientras Irene ejerce encantada de novia de pega, Mateo intenta convencer al mundo de que por fin es un hombre serio y centrado. Una tarea bastante complicada cuando los líos, los rumores y los problemas siguen persiguiéndolo hasta el punto de hacerle sospechar que alguien está empeñado en destruir su carrera.

Aunque ese no será su mayor problema.

Porque lo suyo con Irene empieza a írsele tanto de las manos que Mateo acaba planteándose algo absolutamente imposible:

que quizá ella siempre tuvo razón.

Y eso sí que no puede ser, porque él solo quería una novia de pega.

Y ahora ya nadie finge.

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