Una herencia maldita fluye por sus venas.
Una carga de la que ninguna puede escapar.
Para darse un respiro, Leira decide pasar una temporada en el pueblo de su madre, un lugar que no había pisado en años.
Sin embargo, las cosas allí no son tan idílicas como pensaba. La gente del pueblo considera que las mujeres de su familia son brujas, y estas se han visto obligadas a vivir en el bosque.
Su abuela Galia no ve su llegada con buenos ojos, pues había roto todo contacto con su hija y su nieta. Para colmo, el hueco de la casa que Leira pretendía ocupar pertenece ahora a Jara, una misteriosa chica cuya existencia Leira desconocía.
Por si esto fuera poco, la gente del pueblo habla de la madre de Leira como si fuera una criminal fugada, y actúan como si Leira pudiera acabar manchándose las manos de sangre también.
Leira tratará de desentrañar los secretos de su familia, pues quizás sólo así pueda encontrar la solución a sus propios problemas.

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