Los sobrenaturales llevaban siglos escondiéndose de los humanos.
Entonces llegó BookTok y les jodió el disfraz.
Pues que su autora acaba interrogada por la policía.
Que su ex resulta ser el inspector encargado del caso.
Que sus amigas se meten de cabeza en una investigación que huele a desastre.
Que, mientras BookTok arde entre teorías conspiranoicas y vídeos virales, un pequeño detalle amenaza con convertir el caos en algo muchísimo peor que una edición limitada con cantos tintados: miles de lectores convencidos de que, con un poco de suerte, su próxima cita podría tener colmillos, garras... o alas.
Porque los vampiros, los licántropos, los demonios y los fae existen más allá de las novelas.
Y si hay algo que les gusta todavía menos que los humanos…
es que los conviertan en objetivo romántico viral.
Hay lectores que subrayan sus escenas favoritas.
Otros matan para recrearlas.
Y cuando alguien convierte una saga superventas en un manual para asesinos, solo queda una pregunta:
¿Quién será el próximo protagonista?
¿Qué pasa cuando sobrevivir a un asesino no significa que el caso haya terminado?
Pues que Aimara empieza a recordar cosas que nadie quería que recordase.
Que Samael Vane tiene demasiadas respuestas atrapadas detrás de una condena milenaria.
Que Nina, Sandra y Patri descubren que saber la verdad sobre vampiros, licántropos, demonios, brujas y fae puede ser más peligroso que ignorarla.
Que el Consejo decide que la forma más limpia de proteger el velo es borrar la memoria a quien sepa de más.
Que, mientras la policía sigue encontrando cadáveres, las redes arden, el true crime huele la sangre y el fandom convierte cada pista en teoría viral, alguien utiliza la saga de romantasy más famosa del momento para construir una escena del crimen tras otra.
Porque en esta historia todo el mundo miente.
Los humanos.
Los monstruos.
Los amantes.
Los sospechosos.
Y hasta los recuerdos.
Hay lectores que buscan pistas entre páginas, otros las dejan junto a un cadáver y cuando la fantasía romántica, el deseo sobrenatural y un asesino con demasiada puesta en escena se cruzan, solo queda una pregunta:
¿Quién está escribiendo el final?


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