Me gusta bastante la sinopsis:
Cuando el policía local aparece muerto en la arena, justo delante de su terraza, todo Valdearenas se convierte en sospechoso. El inspector que envían desde fuera no entiende nada de códigos de pueblo, así que Candela tendrá que enseñarle — mientras su hija Julia, de dieciséis años y con más cabeza de la que aparenta, investiga por su cuenta sin que nadie se lo pida.
Entre confesiones que no cuadran, un vecino con demasiados secretos, una oferta millonaria por su restaurante que no piensa aceptar, y un inspector que empieza a gustarle más de lo que está dispuesta a admitir, Candela va a descubrir que en su pueblo, hasta el crimen se sirve con mucho cariño y un poco de humor negro.
Buen provecho, hay cadáver es el primer misterio ambientado en Valdearenas: ligero, con humor rápido de madre e hija, y ni una gota de sangre de más.

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