sábado, 24 de diciembre de 2016

Microcuento

Microcuento

El mercado está concurrido esta mañana. Al menos no soy el único hombre que se encuentra por aquí. Los olores de los puestos se mezclan mientras yo compruebo el tomate que tengo en la mano.
Por detrás del puesto pasa una mujer que capta toda mi atención y no puedo evitar seguirla con la mirada. "Si yo tuviera una mujer así a la que cocinarle...", exclamo sin querer en voz alta. La mujer del puesto en el que estoy parado ha seguido mi vista hasta esa misma mujer, me mira, sonríe y vuelve a afanarse en colocar bien el género para atraer a la clientela. Suspiro, suelto el tomate y acabo llevándome unos cuantos para cortarlos en rodajas, echarles aceite, sal, vinagre y orégano, y comérmelos en la cena, solo.


Ariel Romero