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lunes, 11 de febrero de 2019

¿Conoces al Golfo de Cádiz? de Lara Smirnov

Hace unos días con motivo de la publicación de Demasiados bombones para el embajador de Lara Smirnov, la autora puso en las redes una nueva conversación de ella con su personaje más popular, Manu alias el Golfo de Cádiz. Y no quería dejarla pasar sin ponerla por aquí.

Espero que la disfrutéis tanto como yo, y que leáis sus libros, por supuesto.


—¿Está la Smirnov? Que se ponga.
—Hombre, Manu. Tú por aquí. ¿Cómo va la vida?
—No va mal, quilla. ¿Y a ti?
—Caramba, te preocupas por mí. Eso es nuevo. Vicky ha hecho maravillas contigo.
—Ni te lo imaginas, Smirnov.
—Ahí no puedo darte la razón, Manu. Yo me imagino todo lo que pasa entre Vicky y tú.
—¡Qué me estás contando, Smirnov! ¡Serás pervertida! ¿No tienes vida personal, o qué? ¡Pa qué te tienes que imaginar lo que le hago a mi Vicky!
—Emmm, sobre lo de mi vida personal, pasopalabra y por lo demás..., es lo que tiene ser la autora de tus novelas.
—Uy, la autora dice. ¡Qué ínfulas! Pero si tú lo único que haces es escribir lo que yo te cuento. El mérito es mío, ¡y lo sabes!
—Apufffff.
—No resoples, Smirnov.
—No, ya me calmo. Anda que, qué paciencia tiene Victoria contigo.
—Mi Vicky tiene de tó y muy bien puesto.
—Le sienta bien la maternidad, ¿verdad?
—Ya te digo. No es por chulear, pero es que a mí hacer niños se me da de lujo, quilla.
—Claro, claro, como todo, campeón. Y, dime, ¿a qué debo el honor de tu llamada?
—Que me ha dicho Vicky que esta noche sale a la venta otra novela de la serie Golfo. ¿Por qué no me habías avisao, quilla?
—Bueno, es que no es otra novela de la serie Golfo. Es un spin-off.
—¿Spinov? ¿Qué es eso? ¿Un primo tuyo ruso?
—Yo no soy rusa, pero la protagonista de la novela es medio rusa, medio japonesa.
—Pero ¿qué dices, Smirnov? La prota es Victoria, que es medio inglesa-medio gaditana. Ya chocheas, ¿eh, chochete?
—¡Manu! ¡No chocheo! ¡Y no me llames chochete! Un respeto.
—Uy, qué estirada. Pareces una de esas señoronas que van a las fiestas de las embajadas.
—Apuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuufffffffffffffffffff
—Te pongo, ¿eh, quilla?
—Sí, Manu. Me pones. ¡Me pones histérica!
—No, si ahora la culpa va a ser mía. Si eres tú la que me provocas diciéndome que Vicky es medio rusa y medio japonesa.
—No hablaba de Vicky, hablaba de Irina del Carmen, la protagonista de Demasiados bombones para el embajador.
—…
—¿Manu?
—…
—¿Manu, sigues ahí?
—No me digas que vuelvo a tener problemas con Vicky y que metes en mi vida a una china, que no respondo, Smirnov.
—¡Que no! Vicky y tú bastante faena tenéis con los dos peques.
—Sí, dan mucho trabajo los tunantes, pero son lo mejor que ha parido madre.
—Son monísimos. Por eso he escrito la historia del embajador, de Alejandro de la Encina y del Roble.
—¿Tito Álex? ¿Vuelve a dar por saco el tocapelotísimo De los Bosques?
—Manu, no seas así, es muy amigo de Victoria.
—Qué me vas a contar, pues por eso me pone malo.
—Si ya sabes que Vicky solo tiene ojos para ti.
—Eso es verdad. No me la merezco. ¿Así que volvemos a América?
—No, ahora tito Álex es embajador en Japón.
—Japón, mira que está lejos Japón…
—¿Qué cantas, Manu?
—¿No conoces a los No me pises que llevo chanclas, Smirnov? Anda que, eres siesa, siesa con ganas, quilla.
—Apuuuuuuufffffff. Me agotas, Manu.
—Es que te dispersas, chochete. ¿Qué me contabas de tito Álex?
—Sí, menos mal que Alejandro no me da la mala vida que me das tú.
—Si te gusta, mujer. No disimules.
—De vez en cuando, Manu. Solo de vez en cuando, que cundes mucho.
—¿Y qué bicho le ha picado a De los Bosques?
—El mismo que a ti, Manu. El bichito del amor.
—Anda, ¿se nos ha enamorao tito Álex? Haber empezao por ahí, Smirnov. ¡Eso sí que es una buena noticia! Voy a llamarlo para felicitarlo.
—Eso, déjame trabajar un rato. Dale recuerdos y dile que se prepare, que en unas horas salta a los ebooks.
—¡Uy, lanzamiento! No veas cómo mola la sensación esa, quilla.
—Me imagino que tiene que ser como volar en la Tardis, ¿no?
—¿La qué? Cosas más raras dices, Smirnov. Anda, a currar un rato, que no me rindes.
—Apuuuuufffffff.
—Y deja de resoplar, que pareces una cafetera Oroley.
—Yo también te quiero Manu.
—Besos, Smirnov. ¡A seguir bien!



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